martes, 20 de febrero de 2018

El cake



Por esas cosas de la vida me tocó pasar mi cumpleaños número 36 en La Habana. Ya llevaba una semana en la isla y fui sorpresivamente agasajado por la profesora y los condiscípulos cubanos y de otros países latinoamericanos del Instituto Internacional de Periodismo José Martí. No sé cómo, pero los anfitriones hasta resolvieron el cake.
Resolver es un verbo común en Cuba. Se escucha más como resové y aplica para lo inexplicable, desde parar la olla, hasta mantener funcionando los almendrones Ford, Chevrolet o Buick de la posguerra. Resolver es lo que hacen en su cotidiano hace muchísimos años, casi tantos como los que pasaron desde que adoptaron el cake.
Hice entrañables amigos en esa época y algunos resuelven las dificultades para mantenerse en contacto, al principio por carta y correo aéreo (sí, de ese con estampillas) y luego muy tímidamente vía Internet, no porque no deseen hacerlo mejor. Imagino lo que sortean para publicar en Facebook al nieto en su fiesta infantil y su cake.
Procuro corresponder y no dejo de estar al tanto de lo que allí ocurre, siempre contrastando la información de los medios oficiales con la de blogueros independientes y en caso de extrema necesidad, con la de los columnistas cubano (norte) americanos del Herald. Así compruebo que casi todo sigue igual. Que la enorme bandera cubana que compré como recuerdo está tan guardada que ni sé dónde, porque sacarla sería lo último que haría en estos tiempos de impostores, de destructores de utopías, y de amistades salvadas por el cake.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Comentando titulares


Hay feria o ¡Ay! la feria





Con filas que envidiaría la propia Apple para la venta del nuevo Iphone o que podrían competir con cualquiera de las que se forma cada vez más temprano para conseguir ficha en dependencia pública, los visitantes empezaron a recorrer la feria exposición de Santa Cruz, la más todo.
El sacrificio vale con tal de poder preguntar al pariente o allegado, con aire triunfal, ¿y vos, ya fuiste a la feria? No importa si lo único que se va a llevar a casa sea el clásico paquete promocional de galletas, los juanetes adoloridos y el recuerdo de la picardía -en el sentido más cruceño- ora del taxista que quiere salir de pobre en unas cuantas noches, ora del cuidador de espacios en la vía y jardineras públicas que no se responsabiliza por ningún vehículo, ora del encargado del parqueo que cotiza su tarifa como en Tokio.
Los negocios se multiplican adentro y afuera como nunca en el año y en la ciudad de Santa Cruz y en todos sus municipios dormitorio se habla de la feria porque no es solo vitrina comercial, sino también social, como un grupo abierto de Facebook en espacio real, con seres de carne y hueso, en realidad más carne que hueso, porque los ejemplares bovinos tienen de mil kilos para arriba, compartiendo sus “Me gusta” y tan revueltos como el que saldrá con las galletas y el que se irá con su cero kilómetro, aunque ni tan cero porque algo tuvo que andar para llegar a la muestra. En suma, hay feria, o si prefiere, ¡Ay! la feria.
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Terminando juntos





Una modelo puso la cara y su nombre para expresar el sentimiento que otras guardaron por pudor o simple criterio y ha generado un farandulero debate, mucho más comentado que ministro anunciando que la Policía dejaría de atender atracos por temor a las críticas.
La joven de marras lamenta la publicitada irrupción de una menonita, tan boliviana como ella, en el competitivo mundo del modelaje y con altísima expectativa en la vitrina más importante, es decir la Expocruz, y su envidiosa osadía le ha merecido réplicas y sugerencias de toda índole, algunas incluso más furiosas que las que merecería el funcionario público chantajista.
Le caen con todo porque defiende, desde su perspectiva e interés personal, el campo laboral amenazado, tal como lo hacen de modo cotidiano otros gremialistas en bollo y afectando el interés público hasta las últimas consecuencias. Lógicamente es imposible justificar a la modelo, pero la están lapidando mientras en otros ámbitos están ocurriendo cosas peores.
Hay mucha intolerancia y, está claro, no es precisamente bueno el ejemplo que dan algunas autoridades que se supone racionales, pero actúan como mocoso caprichoso con unos berrinches tanto o más ridículos que el de una ciudadana ejerciendo su libertad de expresión, como este columnista, que tras 224 semanas en este espacio le pone punto final a su penúltima entrega hablando de figuritas y titulando como en su primera vez.
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