martes, 24 de marzo de 2009

lunes, 23 de marzo de 2009

De sindicalistas y malas yerbas


La primera sílaba de la palabra sindicalista es sin y es bueno que así sea. El verdadero sindicalista lucha porque siente que siempre falta algo y dirán que eso lo hace cualquiera que trabaje con dignidad, pero la diferencia es que el sindicalista mira carencias más allá de las personales y aunque también resulte beneficiado, no lucha pensando en él, sino en quienes lo han elegido, si es un líder, o en los que luchan junto a él si está en la base, que es igualmente una posición de gran responsabilidad.

Suena contradictorio, pero es así. Un sindicalista íntegro es aquel que está sin. Sinvergüenza también empieza con sin y es justamente porque en eso se convierten los que se desvían.

Desviados, son con. Los “condicalistas” son fáciles de reconocer porque les gusta estar bien con Dios y con el diablo. Nunca se la juegan por nada que no sea su interés particular. Calculan acciones, manipulan a los manipulables y se llenan la boca hablando por todos. Cuando explican se complican y ya ven, son muy parecidos a los politiqueros, que es la categoría que finalmente los acoge y donde luego se los ve a gusto. Para ellos todo es con. De conveniencia.

Usan el sindicalismo como escalera, como puente, como camino. O sea, lo pisan y pasan de largo. Y cuando se largan o los botamos, nos dejan pensando que es una suerte que se hayan ido, aunque algunos demoren al hacerlo. Como yerba mala.

Cuando aparecen noticias sobre el surgimiento de nuevos líderes en el sindicalismo boliviano siempre hay expectativa. Si se conoce a la persona y sus valores, mucho mejor, porque así es más fácil auspiciar buenos augurios. Así se espera a Eulalio (Chichi) Grimaldes en una posición de líder. Es conocido en la vida sindical y es la primera vez que se anima a asumir el espacio que lo estuvo esperando en una directiva. Es un sin. Sin duda. (OPS)

viernes, 6 de marzo de 2009

YA SALIO

Más pequeño, pero El Otro Amarillo sigue circulando en su tradicional papel amarillo

viernes, 27 de febrero de 2009

Don Antonio


Hace un año nos golpeó brutalmente la noticia. Don Antonio Miranda Solís, el periodista por antonomasia, dejaba este mundo. Hubiésemos querido celebrar este 2009 su cumpleaños número 73, pero ya ven, estamos recordando el aniversario de su muerte.


Mucho se ha dicho de este maestro, pero es mucho más lo que se tendría que decir como una señal de gratitud. Sus familiares estarán rezando por su alma, retrocediendo en el tiempo para recordarlo. Sus colegas y amigos, los que tuvimos el privilegio de que él generosamente nos llame así, también sumaremos plegarias y le rendiremos el homenaje que tanto le incomodaba en su sencillez y en su grandeza.


Vamos a permitirnos la licencia porque consideramos necesario que las nuevas generaciones de periodistas reconozcan la labor de quienes supieron marcar un rumbo y dejaron pruebas tangibles e intangibles de compromiso, de pasión por el oficio, de ética. Y también para que los mayores recuerden tales principios.


Como periodista, honesto, comprometido, acucioso, correcto en el uso del idioma, responsable y perseverante. Implacable contra lo torcido. Excelente docente universitario. Brillante dirigente sindical. Incondicional y leal. Como flamante abogado, una promesa. Como persona, un humano en el más amplio sentido de la palabra.


Una trayectoria intachable. Un referente obligado en la historia de nuestro periodismo, Un chiquitano, de Santa Ana de Velasco, nacional y universal que dedicó su vida al servicio de la gente.


Parecerse a él, seguir su profunda huella, recordar sus palabras, deben sonar a estas horas como el mejor homenaje que se le puede hacer. Don Antonio supo, en vida, de reconocimientos internacionales que nunca lo marearon. Apreciaba la sencillez, la gratitud, el compañerismo, la solidaridad, la sinceridad, es decir, lo simple, lo que no se vende ni se compra.


Si alguna vez pedía algo era un café, un cigarro. Nada más. Si no era posible, ni modo. Igual. La charla, que se convertía en cátedra, el sabio consejo, la oportuna sugerencia, el chiste, la anécdota. Todo para guardar, nada para el descarte.


Son pocas líneas, simples y sinceras, que reiteran el agradecimiento al compañero y se solidarizan con quienes comparten el dolor por su alejamiento físico ocurrido el penúltimo día de febrero en el pasado año bisiesto. (OPS)

Dialoguen, pues


lunes, 16 de febrero de 2009

Una miniatura...grande

Encontré, casi de casualidad, esta obra que refleja con sus matices la obra de dos grandes amigos. La chispa salta. Y lejos.