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domingo, 30 de octubre de 2016

¡Na que ver!





Es simple casualidad que la red televisiva que explota el Na que ver sea la misma que botó sin paga a sus periodistas más sacrificados. Por lo (no) visto, aquello de investigar temas, descubrir en qué se invierte el dinero público o cómo se piensa el porvenir es aburrido y poco conveniente.
Lo que rinde, lo que deja contento al jefe es colgarse de lo divertido en redes sociales, como lo que hacen y dicen las personas en estado de ebriedad. Esas vainas del derecho a la intimidad, el respeto de la imagen, son para otra gente. No basta la edición malintencionada, se compone una cosa que hasta le llaman canción para banalizar la violencia y quizá soñar un Nobel por ello. 
De la farandulización, si acaso existiera esa palabra, se pasó a la viralización, otro sopapo para el idioma y para el periodismo, convertido en reportería del chisme y del escándalo callejero.
Burla y reiteración. Abuso de poder, de poder hacer cualquier cosa para armar un informativo. Claro que solazarse en la desventura de los más pobres no debería sorprender si se pudo ignorar a los propios ex colegas en desgracia.
Ya quisiéramos ver un poquito de esa irreverencia contra los poderosos, ese seguimiento obstinado para escarbar y ayudar a entender qué pasa con las autoridades, con la justicia y con los temas que de tan podridos es mejor tenerlos escondidos. Nada que ver con el periodismo. ¡Cómo rogarán estos mercaderes para que no demore el próximo viral salvador!
Fb 

lunes, 18 de abril de 2016

Viralidad, no virilidad




Recién se conmemoró el décimo aniversario del primer video viral en YouTube. Denominado Evolution of Dance, no es una alegoría a ningún presidente que se mueva de la izquierda hacia la derecha con soltura de cuello y cuerpo. Lo protagoniza un humorista que en seis minutos baila los éxitos musicales del pop.
Parece que la máxima aspiración de un internauta es lograr viralidad y puede que algún mandatario haya entendido virilidad y tras leer la noticia haya decidido incursionar en redes sociales, asumiendo que estaba en su campo de dominio.
Casualmente para cuando se escribió esto, había dos publicaciones en la flamante cuenta de Twitter (también llamada la del pajarito azul) del presidente Evo Morales; un me recomendó y un le recomendé. Debe ser frustrante ver que ninguno de los “tweet” se hizo viral.  A lo sumo llegaron a estornudo de esos que terminan siendo más morisqueta que moco.
La competencia es feroz. Resulta prácticamente imposible competir con músicos populares, cuando no son gatos que dan malos saltos o niños que muerden a otros niños. Generalmente los pajaritos azules que cuentan sobre gatos que caen parados en embajadas o sobre las mordidas en los ministerios no suelen tener eco, de modo que no se vislumbran grandes cambios en el panorama de las redes, tan vilipendiadas, incluso antes de que atrapen al presidente boliviano, que para lograr viralidad, con a, deberá apelar a algo más que recomendaciones. Videos graciosos, quizá. 
Fb