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lunes, 23 de enero de 2017

Cosas peores





Unas modelos disimulando arneses, otras lidiando con los tocados entre cables de acero, las de más allá tratando de seguir el ritmo del artista en escena, unas con mucho traje, otras con casi nada, unos cómicos tropezando con nombres y anunciando llantas en plena coreografía con primeros planos, la voz en off notoriamente leyendo unas composiciones estrambóticas ante unos dominantes toborochis navideños, hasta que finalmente en el trasnoche, salen unas reinas opacadas por el empacho que provocó semejante mejunje, justo tras Moisés y Los Diez Mandamientos.

Es lo que provoca meter todo en la olla, con la idea de quedar bien con todos, para conseguir más descontentos, no entre los eternos enemigos del Carnaval que ni querían Cambódromo y ahora dicen que allá tendrían que hacerse todos los espectáculos, sino entre quienes luchan por darle identidad a una fiesta en proceso de transformación.
Y aunque se han visto peores precarnavaleras, como la noticia del poste “que posó” junto a Malia Obama en la terminal de buses, o la interpelación fallida a la ministra que se fue al agua, o los aportantes que deberían estar muy agradecidos por prestar plata al otrora altivo sector agropecuario, parece nomás que de tanto frotar se salió el barniz, aunque siempre hay cosas peores, si sirve de consuelo, porque el brillo y plumaje son convenientes para distraernos de aquellos que esperan prolongar su carnaval más allá de lo ya decidido.
Fb 

miércoles, 3 de febrero de 2016

Tradiciones carnavaleras



Eso de carnavalear sin agua fue desautorizado con la misma celeridad que cualquier prohibición en vísperas de Carnaval o de referendo, que cada vez se parecen más. Como en las rifas, la segunda norma también se fue al agua, igual que la amenaza tributaria al Carnaval de calle.
De todas maneras fue un gran alivio saber que no se meterán con el trago, el número premiado, porque eso sí que sería un atentado imperdonable a las tradiciones carnavaleras.
No importa que cambien al duende o a la viudita o al carretón de la otra vida por versiones más modernas en el espectáculo de la coronación. De eso nadie se queja.
Hay que cuidar al principal auspiciador de la fiesta porque no vaya a ser que se enoje y quiera otra reina, aunque el mismísimo alcalde haya salido no se sabe de dónde para coronarla, o que mezquine lo que les corresponde en líquido y por ley a los grupos carnavaleros de cualquier parte del país, sean comparsas, fraternidades, grupos folclóricos, bandas imperiales que lleven el nombre de un lago inexistente, o lo que sea.
Bien que apelen a la conciencia del ciudadano, justo en la época en la que está con todas sus facultades mentales, para que decida sin necesidad de una ley si juega o no con agua o con su voto.
Que la disposición de la ministra de Medioambiente también se haya ido al agua merecerá numerosos brindis, porque con las tradiciones carnavaleras no se juega, ni en chiste.
Fb