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lunes, 19 de diciembre de 2016

Pantallitas





Hay expectativa por el espectáculo anunciado para esta noche en la Casa Municipal de Cultura Raúl Otero Reiche y si se promociona como gratuito o como regalo navideño no significa que no lo estemos pagando de algún modo. Mencionarlo como pantallitas tampoco pretende minimizarlo, sino más bien acercarlo al mundo infantil porque también en nombre de la niñez se acaba de censurar allí una exposición artística.
Como una cosa ni tiene nada que ver con la otra, sino todo lo contrario, vale la pena recordar que el antecedente remoto de las pantallitas, o eso que llaman videomapping torciendo el pico para que parezca más elegante, son las sombras chinas, o mejor chinescas, para que no se esté interpretando otras cosas sobre los chinos que nos dominan ni del ‘Chino’ Gomez, recién puesto a la sombra en la radio.
Un gran despliegue artístico y tecnológico, como se merece el público, ansioso de olvidar un rato a las autoridades que sin sonrojarse anuncian el cambio de leyes a su antojo y aunque no debería ser así se están riendo jo-jo-jo como el más imperialista de los papanoeles o el más viral de los personajes.
Asistamos, pues, contemplemos este espectáculo nocturno con la boca abierta, que más nos queda, disfrutarlo, y olvidar que detrás de los destellos 3D están los empoderados haciéndonos figuras con sus manos, y anticipándose sus regalos de prórroga, porque resulta que esas maniobras obscenas tan explícitas sí son aptas para todo público.
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lunes, 12 de diciembre de 2016

Nuestros arbolitos




Por estos días, después de mucho pensar, se instala el arbolito navideño, foco de atención hogareño hasta inicios del próximo año y quizá hasta el subsiguiente en casos de flojera extrema.
Muy lejos está el recuerdo de las peripecias que se hacían en casa para mantener erguido el gajo de pino natural, colgarle la mitad de las bolas de cristal que no se rompían en el intento y enchufar unos focos incandescentes que con suerte ardían, a veces literalmente con todo alrededor, alimentados con la sobrecarga de paja, algodón y plastoformo en un fragancioso remedo de árbol que luego se tiraba a la basura con las cajas y el papel de los regalos.
En sus orígenes europeos a los arbolitos navideños les colgaban manzanas rojas y velas. Las primeras simbolizando las tentaciones y las otras la luz espiritual. Razones de peso convirtieron las frutas pecadoras en bolas livianas y las velas en eficientes luces LED, a las que ahora se suman mínimamente una estrella en la punta, como guía, y los lazos que representan la unión familiar.
Es lógico que esta tradición originaria, porque algún origen tiene, se replique en la vía pública con recursos ídem y se puede asegurar que toda ciudad tiene los arbolitos navideños que se merece. Por ejemplo, los colocados en Equipetrol y la Monseñor Rivero carecen de estrella, bolas y lazos.  Independientemente del significado que se le quiera dar a tales accesorios, esos arbolitos de luces fugaces nos representan a cabalidad.
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lunes, 21 de diciembre de 2015

Cuenta regresiva





Como aquellos iluminados que los días miércoles publican en redes sociales “estamos a mitad de semana” y los insufribles llaman “ombligo de la semana”, sorprendiendo a todos con esa valiosa información, resulta que en diez días se va el año.
Por nada. No es necesario agradecer el recordatorio para la cuenta regresiva porque otra cuenta, la bancaria, ya se lo ha debido anunciar, aunque igual tendrá que contestar el teléfono y tragará una grabación del banco para recordarle que debe gastar hasta lo que no tiene a cambio de puntos para unos productos que podría comprar muchísimo más baratos de contrabando, que es lo que está de moda.
Casi tan de moda como ponerse polleras sobre pantalones y tratar de ver qué otra monería se puede hacer, como liberar tortugas, o lo que sea, para no tener que mirar el desierto donde se supone que había un lago, pero ¿quién quiere ver eso o sus flamencos muertos si a corta distancia se puede apreciar la exhibición de los regalos presidenciales? Si Orinoca le queda lejos y todavía no sabe qué hacer, o ya fue extorsionado por gendarmes o policías de los planes navideños y se quedó sin efectivo, podría distraerse haciendo el conteo de rigor escuchando los éxitos musicales del Piqui-Piqui, el Tiqui-Tiqui o el Taca-Taca, que es lo que probablemente bailaban en la oficina de la incomprendida jueza de Punata, empeñada en mostrar que la justicia no tiene por qué ser tan seria y mucho menos a fin de año.

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lunes, 7 de diciembre de 2015

Arbolito




Decir que su apodo es arbolito de Navidad es una maliciosa referencia a un símbolo de esta época y más sin chiste que presentadores de televisión haciendo cortos de humor.  Los más entusiastas ya armaron su arbolito y los menos fanáticos están postergando la tarea. Sólo pensar en sacar cajas y bolsas, en deschipar foquitos, ya cansa.
En un sondeo televisivo, parroquianos de la plaza principal lamentaban lo que consideraron un retraso municipal imperdonable y una entrevistada se animó a decir: “Parece que tendremos una Navidad triste”.  Eso porque hasta ese momento no habían atiborrado la plaza con los accesorios que magullan palmeras y los pocos árboles que quedaron tras la remodelación para versión de plaza de bronceado. No se entiende a la gente. Si se hubieran adelantado, dirían qué barbaridad, cuánto derroche.
Los arbolitos domésticos, generalmente plásticos, emulan una tradición alemana de más de 500 años. En el Rockefeller Center ya se encendió el más famoso de todos, o sea, igual que con el Black Friday, ya está dada la orden desde el norte. A desempolvar el viejo o comprar otro y seguir el ritual con la estrella, las bolas, los lazos, las luces. Quizá bastones y muñecos de nieve que refrescan de solo mirarlos. Para qué hablar de ver animales salvajes, e incluso dinosaurios, merodeando pesebres, porque cada quién es libre de adornarlos a gusto y no hay un manual ni se somete a referendo el tener unas cuantas normas, aunque debería.


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