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lunes, 14 de diciembre de 2015

El Graduado





De esas pocas veces en las que una película no estropea la novela que la inspira, El Graduado (1967) es un clásico del cine que podría tener una dura competencia en caso de que se lleve a la pantalla un acto de graduación común y corriente, cuya temporada está en fase meseta.
El drama romántico de Hollywood tendría escasa oportunidad frente al drama, por ejemplo, de encontrar sitio para estacionar, lo suficientemente cercano como para hacer el trayecto con tacos de casi 20 centímetros, y ojalá algo iluminado para no encontrarse a la salida con la sorpresa de aquí lo puse y no lo encuentro. Y eso que se están descontando las penurias de las previas y ni mencionar los gastos de última hora que más parecen de último resuello.
Una vez en el salón, el desafío será encontrar asientos medianamente próximos a la pasarela o al escenario que no estén ocupados por carteras, bolsas o lo que sirva para guardar el espacio a infaltables que llegan justo para el desfile porque su equipo de avanzada ya reservó el lugar para sus orondas posaderas. Claro que tampoco se ven tan afortunados los más próximos porque en un santiamén se sorprenderán con sillas que no estaban, o verán durante todo el acto los felinos movimientos de fotógrafos por delante.
Mientras tanto, el graduado, que estuvo horas esperando, no sabrá en qué momento se le fue su minuto de gloria y sus pobres parientes menos. La desconcentración sola daría, sin exagerar, para otro argumento.
Fb 

lunes, 8 de diciembre de 2014

Graduados



Recién, en la acera de la calle Ingavi, cruzó en sentido contrario un joven apresurado con una toga en la cabeza, claro ¿dónde más? Parece que venía de alguno de los estudios fotográficos aledaños y pensó que se veía muy bien caminando así. Es notoria la intensidad de los preparativos para toda clase de actos de graduación que usualmente se hacen en estos días.

Estudiantes que conocí en su primer día de clases en la universidad me sorprenden ensayando para que su ceremonia se desarrolle sin sobresaltos. Ciudadanos y ciudadanas listos y listas para abrirse campo en el mercado, no solo porque aceras y calzadas están saturadas de vendedores de adornos navideños, sino también en el aspecto más general, en el laboral.

Los más afortunados ya tienen pega asegurada, o incluso ya tienen garantizados sus dos aguinaldos porque empezaron antes. Otros que tienen aún más suerte, ni han tenido que buscar trabajo porque el puesto ya los estaba esperando y algunos le estaban haciendo lance, entre buri y buri, con el pretexto de clases en la U.
Como sea, atravesar una de las metas más importantes de la vida es motivo de orgullo personal y familiar. 

Ocasión para celebrar. Hay también graduados en el nivel prescolar con actos y fiestas de graduación a tono. Vestidos, joyas, premios y recuerdos que mueven la economía y remueven los ahorros. No importa. Los graduados, de donde sea que salgan, son buena razón para alegrarse, incluso para farsear togas.